Existe en la ciudad de Linares un espacio público y un monolito denominado Plaza Augusto Pinochet. Se trata, según dejó establecido la Contraloría General de la República en junio de 2023, de un espacio estatal cedido por el Ministerio de Bienes Nacionales y administrado por el Ejército de Chile. Es del caso que desde hace años se han realizado múltiples peticiones para cambiar su denominación, pero lamentablemente, diversas organizaciones y entidades públicas han hecho caso omiso a estas solicitudes.

A pocos meses de cumplir 50 años del golpe cívico-militar, es fundamental reflexionar y preguntarnos acerca de la legitimidad jurídica, social y política de mantener el nombre de Augusto Pinochet en un espacio perteneciente al Estado de Chile. No se trata de un ex comandante cualquiera, sino, de quien fue el rostro y la cabeza más visible del golpe de estado del 11 de septiembre de 1973. Una tragedia política que desencadenó miles de crímenes, incluyendo delitos de lesa humanidad (1) y de los cuales son responsables políticamente, e incluso jurídicamente, quienes organizaron y ejecutaron el golpe y toda su secuelacomo lo demuestra el fallo que condenó al general Santiago Sinclair, miembro de la Junta Militar, por el caso Caravana de la Muerte-Valdivia (2). Además, tratándose de Pinochet, estuvo involucrado penalmente en el caso Melocotón, fraude al fisco denunciado en 1984 (3); en el caso denominado Pinocheques de los años 1991-1993 (4), y en los negocios ilegales del llamado caso Rigs, año 2004, (5) donde se enriqueció ilícitamente a expensas de las arcas fiscales, utilizando la “chapa” o nombre falso de Daniel López para ocultar dichos fondos en bancos extranjeros.

¿Por qué debe rendirse homenaje en Linares a un sujeto que contribuyó de manera significativa a la violación sistemática del derecho a la vida y a la integridad física y psíquica de opositores políticos? ¿Por qué debe rendirse homenaje a quien defraudó al fisco de Chile? ¿Por qué debe rendirse homenaje a quien falsificó instrumento público para ocultar su identidad? ¿Por qué Linares debe aceptar que se rinda homenaje a quién usó un nombre falso para ocultar sus bienes mal habidos? ¿Qué modelo de persona y de sociedad estamos construyendo en Linares con este homenaje? ¿Qué ejemplo estamos dando a las nuevas generaciones al enaltecer a un personaje con semejantes características?

La Plaza Augusto Pinochet es, por otra parte, una grave violación de los principios de la democracia, así como de la constitución vigente, especialmente en lo que respecta al artículo 19 N° 1, que garantiza la no repetición de violaciones a los derechos humanos como parte de la reparación a las víctimas y a toda la sociedad chilena. Rendir homenaje a un dictador que algunos califican como “asesino” y “ladrón”, implica implícitamente amenazar con la reiteración de actos violatorios de la vida humana y por supuesto, no contribuir a crear garantías de no repetición de las graves violaciones al derecho a la vida, a la integridad física y psíquica, a vivir en la patria, a participar en la vida política del país, etc.

Por otro lado, no retirar el monolito ni cambiar la denominación de la plaza por parte de las instituciones estatales involucradas, como el Ejército de Chile y el Ministerio de Bienes Nacionales, también es un atentado contra los principios fundamentales de nuestra Constitución, como el artículo 5, que promueve los derechos esenciales de la persona humana y busca establecer un modelo social basado en el respeto y la dignidad de todos los ciudadanos.

Desde esta tribuna, hago un llamado a mis coterráneas y coterráneos de Linares para exigir a las autoridades que eliminen la denominada “Plaza Augusto Pinochet”. Como ciudad histórica del centro del país, Linares merece ser reconocida por ciudadanos responsables de su historia, su tierra y, sobre todo, su gente. No podemos permitir que nuestra comuna se convierta en un lugar que rinde homenaje a un genocida que no representa los valores de liderazgo y ética que queremos transmitir a nuestras nuevas generaciones.

Es hora de tomar una postura valiente y consciente sobre nuestra historia y valores como sociedad. Sólo así podremos construir un país más justo, inclusivo y respetuoso de los derechos humanos, en línea con los compromisos internacionales que hemos ratificado. La eliminación de la “Plaza Augusto Pinochet” es un paso significativo en esa dirección, un paso hacia una memoria colectiva que abrace la verdad y el reconocimiento de las víctimas, así como una señal clara de que estamos comprometidos con un futuro mejor para todos los chilenos.

Han pasado ya demasiados años para seguir aceptando esta afrenta a las víctimas, al país, y a las instituciones republicanas en el contexto del Estado de Derecho en el que aspiramos a vivir cotidianamente: ¡no hay mal que dure 50 años, ni razón pasa seguir soportándolo!

Por Editor

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