Los jesuitas realizaron variadas construcciones en la tierra longaviana, por lo general, sus edificios del siglo XVII se levantaron de empalizadas de barro y techos de paja, con una pequeña resistencia para soportar los vientos del invierno, las prolongadas lluvias y para evitar la ruina de sus construcciones de los movimientos sísmicos que sacudían periódicamente nuestro territorio. En sus diferentes propiedades tenían excelentes talleres en los que enseñaban a sus obreros y a los miembros de la comunidad campesina las primeras nociones de trabajos de artesanía lugareña, y si éstas ya existían, enseñaban a perfeccionar sus métodos. A comienzos del siglo XVIII contaban con buenos maestros albañiles y carpinteros para realizar sus construcciones, para tal objeto aprovechaban las nobles maderas de los bosques vírgenes que se conservaban en todo su esplendor. Poseían también obrajes de adobes y tejas, elementos tan primordiales para construir sus conventos, iglesias y otras dependencias.

En un suave lomaje construyeron una gran iglesia con su sacristía, junto a la misma tenían su convento y clausura de 17 varas de largo por 8 de ancho provisto de su respectivo corredor. Tenían además, una extensa casa de 53 varas de largo por 6 de ancho, también con corredor, y un galpón con su respectiva fragua en el que almacenaban sus productos. A dos cuadras de distancia de estas construcciones, que eran el centro activo de la hacienda, se levantaban dos molinos para la molienda del trigo que no sólo prestaba servicios para la propia hacienda, sino también a todos sus convecinos. Desgraciadamente, hoy ningún vestigio se conserva y es imposible saber detalles de los religiosos de la hacienda, sin embargo, se tiene registro de dos administradores: el padre Lorenzo Barros en 1716, y el padre Pascual Miranda en 1767, año de la expulsión de la orden. Como ya se dijo, no quedan vestigios materiales de la presencia de estos antiguos jesuitas, sin embargo, una gran piedra simbólica ubicada en la actual plaza de la comuna, recuerda el paso de los esforzados y abnegados religiosos por las tierras longavianas.

Por Editor

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