Longaví (del mapudungun lonko filu, “cabeza de culebra”, nombre que conserva el territorio desde antes de la llegada de los españoles. Originalmente debió llamarse Lonkovilu o Lonkovilo, y que posiblemente sufrió una alteración fonética en los finales del siglo XVI), es una comuna y ciudad de Chile, ubicada en la provincia de Linares, en la Región del Maule, en la zona central de Chile.

Se emplaza en el sector oriente del Valle Central, destacando en ella la presencia de ríos como el Achibueno, Longaví y Liguay.

Hacia la Cordillera de los Andes se observa una gran cantidad de cerros y colinas boscosas que dan paso a montañas nevadas, siendo el principal atractivo el Nevado de Longaví. Debido a su aproximada cercanía a la ciudad de Chillán, desde este sector también son visibles los Nevados de Chillán, cordón montañoso característico de esta zona de la Región del Maule y la Región de Ñuble.

Integra, junto con las comunas de Cauquenes, Chanco, Parral, Pelluhue y Retiro, el Distrito Electoral N° 40 (Diputados), y pertenece a la 11ª Circunscripción Senatorial Sur (Linares).

Historia

La comuna de Longaví se encuentra ubicada en lo que antiguamente era la Hacienda de Longaví, la cual había sido dada a la Compañía de Jesús en 1639. Tras la expulsión de éstos, asume la propiedad el señor Mateo Sotomayor. En 1904 se conforma la Villa de Longaví, la cual sería oficialmente fundada en 1937.

Desde el punto de vista histórico y desde el inicio de la colonización de sus tierras, en la zona de Longaví se formaron dos grandes estancias: primero, la estancia de Catentoa durante el gobierno de Rodrigo de Quiroga (1575-1580), a la cual estuvo íntimamente unida desde su creación la Estancia Real o de Vacas del Rey, fundada por Alonso de Ribera en su primer período de gobierno (1601-1605); y en segundo lugar, la estancia o hacienda LongavÍ propiamente tal, formada por las mercedes de tierras que dieron en diferentes épocas los gobernadores a la Compañía de Jesús, y la que tuvo en su poder como dueños absolutos hasta el año 1767.

El primer gobernador del reino que inició las mercedes de tierras a los Jesuitas en Longaví fue Francisco Laso de la Vega. Efectivamente, por título fechado en 29 de mayo de 1639, les dio una buena porción de tierra longaviana cuyo número de cuadros no se puede precisar por desconocer el título original. Al mes siguiente, la autoridad máxima de la congregación tomó posesión de sus tierras ante el corregidor, capitán Andrés García de Neira, acaudalado terrateniente maulino que tenía el dominio de la gran estancia de San Nicolás de Libún, en la margen derecha del río Maule.

Muy pronto a esta primera merced siguieron otras que fueron incrementando la superficie de las tierras. El gobernador Francisco López de Zúñiga, marqués de Baides, muy afecto a la Compañía de Jesús, les proporcionó en 1641 una extensión de 1500 cuadras contiguas a la merced de Laso de la Vega. La toma de posesión se hizo, en esta ocasión, ante el corregidor de Maule el capitán Cristóbal de Amaya. Posteriormente, durante el Gobierno interino de Alonso de Córdoba y Figueroa, ampliamente vinculado a la tierra maulina por su cónyuge que pertenecía a los Salgado de Ribera, dueños de las tierras de Llollehue, les hizo merced de dos nuevos títulos en la misma zona de dos mil cuadras cada uno, fechados el 9 y 11 de noviembre de 1649. La posesión les fue dada, en esta ocasión, por la primera autoridad regional Pedro de Mier Arce y Fernández Gallardo, que al igual que sus antecesores en el cargo, García de Neira y Amaya, era también terrateniente de Maule. Según los títulos indicados, al mediar el siglo XVII los antiguos jesuitas ya eran dueños de más de 5.500 cuadras de fértiles planos en Longaví, y a las anteriores habría que agregar otros terrenos de demasías de los títulos, de abundante y excelente montaña, situados hacia la parte oriental de los terrenos planos.

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