Conversación con sus directores sobre el paraíso y el infierno de Colonia Dignidad.

Por Gabriel Rodríguez Bustos, periodista y escritor.

Elegido como el mejor largometraje chileno en el reciente Festival Internacional de Cine de Valdivia fue también galardonada en Dinamarca, Francia e Islandia. La cinta dirigida por los chilenos Marianne Heugen-Moraga y Estephan Wagner es un viaje profundo a la tragedia humana que fue y sigue siendo Colonia Dignidad.

Se debe recordar “grosso modo” que el enclave surge en 1961 en la precordillera de Parral. Allí un ex camillero del ejército nazi convertido en predicador laico reúne a unos 300 seguidores alemanes. Construirán un gueto protegido por alambradas, perros y sensores. En su interior la ley chilena no existe, las familias son separadas, los niños esclavizados trabajan desde los 6 años, las golpizas y electroshock son parte de la cotidianeidad, así como los abusos sexuales de su líder. La “fachada” hacia la comunidad circundante y el país, es un Hospital ilegal y una Escuela. A todo lo anterior se suma que fue usada como recinto de detención, torturas, asesinato y desaparición de opositores durante la dictadura.

Este verdadero paraíso privado de un pedófilo y su círculo de hierro comienza a derrumbarse en 1997 cuando madres y niños chilenos denuncian violaciones, secuestros y abusos al interior del recinto.

Hoy el lugar reúne a unos 120 colonos que trabajan y viven allí arrastrando sus traumas, palizas y abusos. La increíble historia del enclave ha sido contada en numerosos libros, varias películas y algunas series de TV.

“Cantos de Represión” se desliza por un paisaje de belleza sobrecogedora. Cantos de pájaros y pequeños coros de adultos mayores interrumpen por momentos los testimonios dramáticos de los colonos. Cada historia va dando cuenta del mundo irreal y asombroso en que vivieron sus habitantes, entre los caprichos sexuales del pedófilo, la manipulación religiosa, los golpes y las alambradas. Cada uno enfrenta de manera diferente el sufrimiento del pasado: asumiéndolo, negándolo, justificándolo.

Como Horst Schaffrick quien ha trabajado desde su infancia y se acerca a la edad de jubilar. Con su esposa Helga tienen dos hijos adolescentes y no poseen nada, excepto las secuelas físicas y psicológicas de los abusos y laesclavitud. O el colono que vive fuera del enclave y recuerda que en la noche escuchaba los gritos de los torturados. Y la anciana que trabaja en el invernadero y considera que Pinochet (quien los visitó y a quien le regalaron un Mercedes Benz) “era encantador”.

Cada historia un drama que da cuenta de cuatro décadas perdidas entre la opresión, el miedo y un líder que gozaba del dolor de sus subordinados. Como contrapunto y en solemne silencio se despliegan textos sobre la historia del enclave: Paul Schäfer abusó de niños chilenos y alemanes por décadas; el predio fue usado para la represión y el asesinato de opositores a la dictadura; quienes lograban huir eran perseguidos, castigados y devueltos al enclave; se obligó a los colonos a consumir  psicofármacos durante décadas.

Los paisajes paradisiacos suceden a las fosas donde se sepultaron los restos de los asesinados y a las alambradas que hacían casi imposible las fugas.

Una película que atrapa, conmueve y desestabiliza porque logra escarbar en las experiencias inefables de un experimento  perverso que los obligó a todos a ser víctimas y victimarios, verdugos y atormentados. Un paseo por la intimidad del dolor, la enajenación y la impotencia.

NOS ACERCAMOS CON UNA MIRADA ABIERTA

Marianne y Estephan, los premiados directores viven en Dinamarca, pero viajan periódicamente a Chile por vinculaciones familiares y de amistad, lo que les permitió conocer de cerca la tragedia de Colonia Dignidad. Un proyecto  que “desde la investigación inicial hasta la versión final significó cuatro años de trabajo”, dice Marianne, lo que incluyó varios viajes y seis meses viviendo en Chillán desde donde “nos trasladábamos casi todos los días a Villa Baviera para conocer a sus habitantes”. Trabajo que consideró entrevistas con abogados de las víctimas, dirigentes de Agrupaciones de Derechos Humanos, ex prisioneros y periodistas. El proceso de edición duró un año.

Les pregunto cómo lograron “romper la cáscara de silencio y desconfianza de los colonos”. Marianne explica que “nos ayudó el tiempo dedicado, también nuestros orígenes, soy hija de una refugiada en Dinamarca con familiares en Talca y Curicó”. Estephan agrega que en su caso fue importante “haber crecido en una familia alemana, conozco los códigos y ellos me reconocían a mí. También ayudó el manejo del idioma y el conocimiento de su cultura. Pero fue relevante acercarnos con una mirada abierta, sin juzgarlos, tratando de entender su lógica, como ven el mundo, como miran el pasado, como ven el amor y construyen familia en un lugar donde estaba prohibido. Creo que eso lo sintieron y lograron abrirse”.

Los testimonios, a veces ingenuos, muchas veces dramáticos de los actuales habitantes de Colonia Dignidad se van desplegando sin pausa y sin cansancio. Las diversas experiencias y enfoques hablan de desencuentros, de interpretaciones opuestas sobre el pasado y el presente, de dolores no procesados y conflictos latentes.

Una historia tan siniestra, salpicada de situaciones de extrema crueldad, no puede sino marcar a fuego a quienes la vivieron durante toda su vida.

Sobre esta apertura a lo profundo del sufrimiento y la indefensión Marianne insiste “me gustó la metáfora de la cáscara. Esto fue como ir abriendo una cebolla, cáscara por cáscara, hasta llegar al centro. Y el proceso de la película fue también así, lentamente se fueron sacando las capas. La confianza no se construye de un día para otro”.

LAS POSTALES DE LA COLONIA

Indago sobre el papel que juegan las imágenes panorámicas de profunda belleza que se despliegan durante la cinta, tan ajenas al cine comercial y sin embargo tan efectivas en su capacidad de cautivar al espectador. “Hicimos una investigación bien intensa a nivel estético, dice Estephan, nos llamó la atención la estética de las postales, ¡Es fantástica!, Colonia Dignidad fue experta en vender sus postales, eran parte de su “fachada”: el hospital, el coro de niños, la escuela, la naturaleza. Nosotros quisimos traducir esta estética para crear algo casi sobrenatural”. Marianne agrega “fue algo muy importante porque sentimos que la naturaleza ha sido testigo de todo lo que pasó ahí adentro, todas las atrocidades, como se golpeaban entre ellos, el abuso de los niños, las torturas y las desapariciones. Todo está perpetuado en la naturaleza. Por eso esas imágenes largas que permitan pensar en lo que va pasando”.

La película logra este contraste casi irreal entre la misteriosa belleza del lugar y el dolor allí vivido. Como dice el abogado Hernán Fernández “el terreno verde de Colonia Dignidad está regado con la sangre de niños y niñas inocentes…se trata de un caso triste de tortura y esclavitud infantil”.

Sobre los textos que van objetivando de tanto en tanto la historia de la secta dicen que “nos dimos cuenta que era necesario poner textos, pero muy precisos, para que el público pueda comprender y hacer su propio análisis”.

Les pregunto sobre el sentido del título “Cantos de Represión” y la aparente contradicción entre la alegría del canto y la tristeza de los castigos. Estephan comenta que “la Colonia era experta en crear imágenes de pureza casi angelical. Hoy día la música sigue siendo allí importante. Pero unos quieren cantar y otros como Horst “ya no pueden cantar. La película no juzga y le deja eso al espectador”.

¿AUN HAY MIEDO EN COLONIA DIGNIDAD?

Aprovecho la oportunidad de hacerles esta pregunta que ronda a quienes conocemos esta tragedia. “Yo creo que si hay miedo, afirma Estephan, pero no a las golpizas de antes, ni a un nuevo Schäfer. Hay miedo porque hay una dependencia del lugar, no tienen nada afuera, y cargan con un tremendo stress postraumático. Hay también una dependencia emocional, por décadas fue lo único que conocieron. Y temen dar testimonio de lo que tal vez vieron, por los efectos judiciales que eso puede tener. Además que hubo pactos de silencio”.

Marianne plantea la necesidad de iniciar un proceso de reconciliación entre los diversos grupos relacionados con la Colonia “entre los colonos de adentro y los que se fueron, entre las víctimas alemanas y las víctimas chilenas. Esto no lo han impulsado ni los gobiernos de Chile, ni de Alemania. Mientras eso no se haga seguirán los miedos para enfrentar los grandes temas”, afirma.

Estephan opina que también hay miedo a nivel de Estados y de gobiernos “hay una Comisión Mixta chileno-alemana que lleva años y no ha avanzado nada. Más bien del lado chileno ha habido un bloqueo brutal. Eso es miedo a encarar los horrores en los cuales se participó”, sostiene.  

¿Y LAS VICTIMAS EXTERNAS?

Hacia el final del largometraje hay una escena larga y silente en que los familiares y amigos de los detenidos/desaparecidos se acercan a una de las fosas y arrojan un clavel rojo. Es tal vez la única en que las víctimas externas al enclave aparecen explícitamente. Sin embargo es una ausencia/presencia que se hace más dramática justamente por el silencio de imágenes y gritos. Estephan reconoce que “este tema lo vimos muchas veces, pero lo que faltaba era entrar en profundidad en lo que fue la Colonia en su interior, que es lo más complejo”. Marianne complementa diciendo que “los torturados, ex presos, familiares, son víctimas si o si, no hay dudas ni discusión sobre eso. Los que viven adentro, muchos son víctimas y victimarios. Se mueven en una zona gris. Los testimonios no hablan de los detenidos/desaparecidos, en su lógica no están presentes, tratan de reprimirlo. Pero su presencia silenciosa fue esencial”.

Queda claro que la lógica de “buenos y malos” al estilo Hollywood no es parte de la película. Y que la separación de unos y otros no es fácil tras vivir por años sometidos a un líder despótico y a un sistema ideológico/religioso que aun opera con sus ficciones y soluciones simplistas, muy ajenas a la verdad y a la justicia.

¿CUANDO  PODREMOS VERLA?

Marianne informa que estará en FIDOCS – Festival Internacional de Documentales de Santiago – el 29 de noviembre a las 10.00 horas donde podrá ser vista gratuitamente “on line”.

Y agrega que “Distribuidora Jirafa está a cargo. La idea es que esté en salas el próximo año y nosotros podamos viajar a Chile. También estará en la plataforma “Jirafa TV”.

Les consulto sobre nuevos proyectos después de esta exitosa experiencia. Ambos lo piensan un momento antes de responder “estamos muy al comienzo, pero tenemos un sueño relacionado con Chile”, dicen, sin dar más antecedentes.

Al despedirnos con la esperanza de encontrarnos pronto Estephan señala “nos interesa que pasen cosas, el pasado no se puede arreglar, pero el presente si, el arte puede ayudar a provocar cambios”, concluye.

Por Editor

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