Paul Schäfer y su secta llegaron a Chile en 1961 burlando los controles internacionales. El ex camillero de las Wehrmacht convertido en predicador sectario y director de coros infantiles estaba siendo investigado por abuso de menores en Alemania.

Debía huir  o podía terminar tras las rejas. Y después de buscar en diversos países aterrizó en Chile.

La secta de origen bautista adquirió el predio El Lavadero que había pertenecido a colonizadores italianos en la pre cordillera de Parral. Muy pronto la mayor parte de sus seguidores arribó a la propiedad. Se instalaron en carpas y mediante el trabajo colectivo de adultos, jóvenes y niños edificaron un asentamiento que rodearon de rejas y alambradas. Y un portón de ingreso con una estética muy similar al “Arbeit Mach Frei” (el trabajo te hace libre) de Auschwits, la que aún se puede ver en su escuela. Como allá, el trabajo se convirtió en una esclavitud de 14 horas diarias que comenzaba en la niñez. Los hombres estaban separados de las mujeres y todos, menos el líder, vestían ropas usadas enviadas desde Alemania. Brutales golpizas se repetían a diario para alejar al “diablo” que se apoderaba de los que se rebelaban. Los abusos sexuales de los niños se naturalizaron. Esterilizaciones, electroshock y secuestros eran parte de la práctica de su Hospital ilegal.

Y también hubo quema de restos humanos el año 1978 en que la dictadura ordenó realizar en todo el país la Operación “Retiro de Televisores” destinada a hacer desaparecer todo rastro de los asesinatos cometidos en los años anteriores. Los restos calcinados de los ultimados en Colonia Dignidad fueron arrojados al río Perquilauquen.

Con asombrosa rapidez obtuvieron personalidad jurídica como institución de beneficencia lo que les permitió evadir impuestos e importar todo tipo de equipos y maquinaria. Schäffer nunca apareció en ningún documento, pero era el jefe indiscutido, el “tío permanente”, el profeta. Desarrollaron múltiples y oscuros negocios incluido el tráfico de armas. Gobernaba Jorge Alessandri Rodríguez.

Durante años se supo muy poco sobre la vida al interior del enclave. Un halo de hermetismo rodeab

Por Editor

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