Hace muy pocos días la Cámara de Diputados aprobó la idea de legislar sobre el retiro del 10% de los fondos previsionales que tienen los cotizantes. Sin embargo, aún falta que dicho proyecto sea revisado por el Senado, quien tiene la facultad de introducir indicaciones.

Como todo lo que dice relación con nuestro sistema previsional resulta álgido y de acalorado debate, han surgido diversas  voces criticando o celebrando la primera aprobación del retiro de esa parte ínfima de los ahorros previsionales.

Lo cierto es que el escenario en el que se da esta iniciativa es en una de las peores crisis sanitarias de los últimos 100 años. De la pandemia que es un problema sanitario y que aún no tiene cura, solo sabemos que preventivamente el mejor antídoto ha demostrado ser el aislamiento físico, no obstante, al restringir las libertades de desplazamiento y de comercio, se frena la interacción social que es la base de la economía y del ingreso salarial de las personas, por tanto, el antídoto  #quedateencasa, para algunas personas que viven del día a día no es posible cumplir (y ya llevamos más de 120 días desde que se declaró oficialmente el primer caso de COVID en Chile).

Así las cosas, la pandemia desnudó la dura desigualdad social que vive el país, donde nos ha demostrado que persiste el hacinamiento en sectores con personas que perciben menos ingresos, sumado a bajas remuneraciones, informalidad laboral y el escaso o nulo acceso a un sistema de salud que también resulta precario.

En este contexto y estando el país (como muchos otros) iniciando una gran crisis económica, se comenzaron a discutir una serie de medidas para ayudar a las personas que se han visto afectadas con esta crisis sanitaria.

Sin embargo, pareciera que la gente no se conforma con las medidas del gobierno. Algunos dirían “no se conforman con nada” , pero ¿será tan así?. Las ayudas dispuestas por el gobierno en materia de ingresos familiares no sobrepasan la línea de la pobreza y la gente expresa con su actuar (aunque para algunos sean los porfiados de siempre) que ese apoyo no es suficiente por una parte para proceder con el aislamiento físico, y por otra, para enfrentar la crisis económica que ya comenzó.

Con todo, el contexto social va más allá de la pandemia y se hace necesario recurrir a la historia de los últimos 30 años del país.

En efecto, la clase media desprotegida por largos años, está con altísimos niveles de deuda (75% de las familias está endeudada según informe de Enero 2020 del Banco Central). Y la “protección” anunciada por el gobierno consiste en más endeudamiento personal. Quizás la idea de retirar el 10% de los ahorros previsionales no es la mejor alternativa, eso es muy discutible, sin embargo, el foco está puesto en lo binario, en si es bueno o malo y en cómo anulamos al que tiene una idea diferente a la nuestra.

Ahora bien, resulta muy lamentable y paradójico escuchar en los últimos días a diversos personajes políticos con tribuna en medios de comunicación, diciendo que la medida del retiro del 10% es “populista”.

Sí, aquellos que acusan populismo son los mismos que no dudaron en atender a familiares en Cuba. Son los mismos que disparan contra lo “popular” y terminaron viendo como instalaban en diferentes comunas (con alcaldes de izquierda y derecha) las farmacias populares que hoy día son un éxito. Son los mismos que quizás ven con resquemor cómo se promulgó una ley que emanó del clamor popular como la ley Cenabast para obtener fármacos a precios no abusivos. Es que la realidad creada en Chile en los últimos años se hizo a punta de abuso, con políticas que favorecían los oligopolios, con cobros excesivos para todos los ciudadanos y todo el dinero iba y sigue yendo a un pequeño grupo de familias que concentran el 1% de la riqueza que representa el 26,5 % del PIB (según el informe de la CEPAL “panorama social de américa latina 2019”).

Mientras se mostraba una realidad a través de números que la economía chilena crecía como ningún otro país, la pobreza se escondía en formato de vergüenza y culpa bajo la alfombra, porque resulta que la teoría del chorreo que tiene poca base empírica, nunca apuntó a un crecimiento equitativo. Los que más crecían eran los grupos económicos gracias a que tienen toda la normativa a su favor en desmedro de los que tienen menos, por eso es tan importanteen una democracia regular el financiamiento de las campañas políticas.

Pero los grupos de poder no sólo tienen la normativa a su favor, sino que también la mayoría de los medios de comunicación con el cual tratan de dibujar la opinión pública y captar sus soldados (conciudadanos que repiten lo que dicen en la TV) para que defiendan las ideasde los grupos de poder, todo el día instalando sus verdadesdogmáticas en programas y prensa escrita, que desde luego difieren la realidad y el sentir del pueblo. Y es en este contexto en donde el que no surge solo puede sentir vergüenza y culpa por no lograr lo que otros han logrado o por no lograr el éxito material que el sistema quiere, así no queda más que esconder la pobreza ¿Por qué llegamos a esto? La respuesta radica en el manejo discursivo. La gente es pobre porque quiere, porque es floja, y así es como a través del lenguaje manipulado  se va creando una determinada realidad, tal como decía Humberto Maturana, el lenguaje crea realidad. Por eso no es tan raro escuchar a diestra y siniestra y leer diversas tribunas (editorial de “La Tercera” domingo 05 de Julio, F. Kast en “La Tercera” sábado 11 de Julio, lun pág 8 domingo 12 de Julio ) incluso en las cartas de la AFP HABITAT donde se alude al término “populista”. Esta palabra que sirve para rehuir y anular a priori cualquier debate que contribuya a la dignidad. Según la RAE el populismo es la tendencia política que pretende atraer a las clases populares, pero a esta altura ya no interesa el significado de la palabra, puesto que vivimos en mundos interpretativos y el populismo puede venir desde cualquier orientación política. No obstante, en el caso del Chile actual el establishment se está preocupando de instalar el populismo como peyorativo, dejando en claro el menosprecio por el que pide justicia social y que no tiene los mismos medios del que te apunta como “populista” desde una posición cómoda. Así, tildar de populista a cualquierasin entender nuestro contexto histórico es una solución bastante simple. Como decía José Mujica: todo con lo que no se está de acuerdo, es populista.

La campaña para infundir miedo y terror arremete nuevamente, pero no hay que tener miedo, porque al parecer somos muchos los populistas que queremos un país más digno, y que sin dejarse atemorizar queremos correr esa barrera de realidad donde muchas cosas son posibles.

RODRIGO NORAMBUENA ORTEGA

Por Editor

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